INFORMACIÓN
FOTOS
ASOCIACIONES
VALLE DE RIAZA
ELECCIONES
 
 


MGM 1285 km ¿LOCURA O HAZAÑA? ¿AMBAS? IMPRESONES DE UN
SUPERVIVIENTE EN 70 HORAS.
Somos enanos que necesitamos alzarnos sobre hombros de gigantes para ver más allá, para saber más…, y éste era el caso, esta era la ocasión de crecernos y dejar de ser enanos para ver por nosotros mismos que hay y que sucede más allá de todo límite conocido en lo que el esfuerzo humano sobre una bicicleta era capaz de retarnos, en mi caso se puede decir que había pasado de todo en no pocas ocasiones, sufrimiento extremo en puertos decakilométricos bajo un sol abrasador, llanuras “infinitas” con vientos en proa a toda vela, etapas eternas dónde no se veía el fin a un día de calvario: por alguna fiebre, caída… o ambas… todas esas insignificancias eran los retos a batir; descubrir si uno es capaz de sobrepasar el umbral de la agonía y tener voluntad para continuar y no tirar la toalla o hacer una llamada telefónica de rescate por ahí en cualquier páramo…

La ocasión comenzó a gestarse cuando un día alguien comentó de esta prueba, se empezó a ver como una ocasión excepcional y quizá única, por ser la 1ª (¿habrá más?), porque es como las olimpiadas, cada 4 años, porque pasa por tu pueblo y prácticamente todo el recorrido era conocido, y que carajo… porque hoy estamos aquí… y mañana… ¿quién sabe? Todo esto edulcorado con un poco de sabia y creencia en uno mismo, un pequeño cachete para quien te ve como bicho raro o prescindible… hicieron que se afrontaran las Brevets… una de 200 con 7 horas de pertinaz lluvia, frío, viento, otra de 300 con un 80% del tiempo el viento en contra, una de 400 de locura rompiendo piernas y de sol a sol y otra de 600 concluida a 30,2 Km./h… dan una idea de lo que nos podía esperar en ésta ya la prueba reina… pero al parecer… no fue suficiente todo fue poco… ¿y cómo después de haber pasado las Brevets íbamos a rajarnos? Ni hablar; en cuanto tuve ocasión formalicé mi inscripción con esos 90 € en aquél tiempo…a fondo perdido.

Llegó el día de la salida, Lunes 18; revisión de bicicletas y equipamiento, quedamos los tres que habíamos rodado más o menos juntos en todas las Brevets y más o menos nos conocíamos bien, tras pasar la revisión entre 18 y 20 horas de la tarde, una frugal cena de bocata tortilla jamón y queso y cerveza,… mucha cerveza … el del bar se impacientaba viendo como los grupos de ciclistas iban saliendo y nosotros impasibles de animada cháchara en su terraza… todavía había tiempo , decíamos. Salimos a las 22:40, ya optamos por acudir a vestirnos y preparar bicicletas y vituallas… el tiempo se alarga y nuestro grupo, el último sale… acelerar… pero ya se sabe… vísteme despacio que tengo prisa… lo inaudito… no encontrábamos, la llave del coche… más de 15 minutos revisando mochilas, bolsas, maleteros, bolsillos… ¡Qué suplicio…! Mi mente comenzaba a gestar una historia épica… Como muchas veces siempre nos ha ocurrido en estas ocasiones… ¿recordáis aquella vez que se me olvidó la rueda delantera en la brevet de 600…? Todo eran coñas… “vete haciendo caballito…”, “te dejo la mía y sellas por mí…”; aquél día, gracias a un
magnífico hermano nos acercó una rueda a las 5:30 h de la mañana y salimos tarde pero salimos, y como en aquella ocasión, esta no fue diferente… nerviositos… tras salir 20 minutos tras del último… a matacaballo los tres a la caza desenfrenada de cualquier lucecita roja que veíamos en el infinito… incluida las de alguna antena de repetición en algún cerro que nos confundía y desorientaba… porque para el que no se lo sepa, las lamparitas que portábamos de iluminación delantera sirven para que los que vengan de frente te vean… pero el firme que vas pisando es siempre pura incertidumbre… como así tuvimos la desgracia de comprobar en la carretera del Casar de Talamanca, yendo como íbamos compenetrados a 35 - 40 Km./h, dando relevos… nos sorprendió un bache - socavón de 15 cm. de profundo y un metro de diámetro… los tres por encima, el peor parado el portador de la Orbea Orca, creíamos que se partía…, sólo fueron las 2 ruedas reventadas, reparación en la noche, con los nervios, la agitación y triple dosis de mala leche… cuándo ya nos pasan los últimos cuatro ciclistas que tanto nos había costado alcanzar… una vez más los últimos la historia que gestaba mi mente, la parte épica de pretender hacerla en 55-58 horas, comenzaba a desmoronarse… conocíamos las carreteras, y sabíamos que eran desastrosas, y la noche nos había dado la primera sorpresa… y tan solo quedaban por delante 1250 Km., no era nada, ánimo, reparación, urgencia, adrenalina a tope, cuatro juramentos que rompieron el silencio de esa noche tan fría en esos páramos todavía madrileños y aún por medio Guadalajara, Segovia, Burgos, Palencia, León y Asturias, y vuelta… casi nada… todo arreglado, nos proponemos calma, todo era un desastre esa aciaga noche, y si algo nos enseña la vida es que cuando todo va mal… siempre hay algo que puede hacerla ir peor… por ello pedimos calma pero esa petición y esa voluntad de hacerlo con más calma duró lo que dura un Euro de gasolina en el depósito de un avión a reacción.

Un relevo a 30 Km./h. el segundo a 33 Km./h. y subiendo no veíamos luces de ciclistas, no podía ser la noche se cerraba y continuábamos los últimos… bajamos y subimos los tremendos repechos del río Sorbe, Puebla de Beleña dónde animosos y gentiles chavales a tan intempestivas horas de madrugada nos mandaban salvas de ánimos…admirable… pues no somos ni Armstrong ni Belokis , ni parecidos y allí en todos esos pueblos grupos de gentes de fiesta y gracias a nosotros la noche cambiaba de color… por ello y por las primeras luces que veíamos en la profundidad del oscuro asfalto y la noche… más ánimos, el tenso rodar de estas tres máquinas comenzaba a liberarse… pero solo esa forma de tensión emocional que casi se podía cortar… la tensión muscular de pedalear… iba en aumento el acicate de saber que alcanzábamos y superábamos a gente nos henchía de ánimos…nos acercábamos a Atienza y se corría el rumor de haber chocolate caliente… a correr… más aún… la fría noche era inapreciable en nuestros cuerpos hasta llegar a ese primer puesto de control, donde al parar y pagar 3 € por un vasito de leche con colacao y un sobadito minúsculo nos despejó del amodorramiento y la excitación de la caza… la temperatura era de 5 ºC pero realmente nos quedamos helados… ¡Qué negocio somos los esforzados deportistas!

Salimos de allí como se suele decir… Echando ostias … huyendo de la quema, zona áspera de carretera, cuesta arriba, pinares, nos acercamos a Somolinos y su breve pero intensa subidita, la habíamos subido muchas veces, pero sinceramente nunca tan veloz, el velocímetro en muchas ocasiones a 25 km/h.., agónicos, alcanzamos el frío, pero frío frío llano de la sierra Pela, Campisábalos… y cientos de lucecitas rojas en el firmamento, unas de cercanas presas ciclistas y la mayoría del campo de aerogeneradores que íbamos dejando a nuestra derecha, la noche comenzaba a tener bonitos colores, el fino asfalto y las prolongadas rectas invitaban a correr… y como somos educados, aceptamos tal invitación, a la altura del desvío hacia Galve de Sorbe superamos otro grupo en el que iba el tercer segoviano de la prueba, se unió a nuestra loca carrera, llegamos al límite provincial, atrás quedan tierras manchegas y comienza una bajada prolongada pero complicada, asfalto imposible, líneas de carretera invisibles y sorprendentes curvas, cambios de rasante que tan sólo nuestro arrojo y confianza ciega en un recorrido que habremos hecho 100 veces nos permitía no aflojar la marcha en ningún momento por bajo de los 40 km/h, pasábamos gente que bajaban con mucho tiento o precaución, el frío podía llegar a ser intolerable pero el ánimo cada vez más caliente
nos hizo pasar por Santibáñez como desbocadas luciérnagas y en Estebanvela, abrigados hasta el cuello los penúltimos paisanos en vitorearnos al paso por su calle central, la carretera, toda destartalada por zanjas abiertas y mal selladas, registros de alcantarillado y parches varios, una vez más olé por estar ahí tan animosos en la fresca madrugada…al paso por Francos y a endiablada velocidad, incitados por la lejanía de un copioso número de lucecitas rojas en las curvas más adelantadas y próximas a Ayllón, y nosotros, más numerosos, gente que se animaba a seguir nuestro loco avance… llegábamos a nuestra tierra y eso se notaba, algo nos decía que debíamos llegar más adelantados de lo que íbamos, esquivamos al numeroso pelotón a la entrada de Ayllón y también la entrada prevista por el centro del pueblo para así no ver la preciosa plaza de la localidad, bordeamos los adarves y todos nos siguieron, decían..`` si van por ahí tan rápido sigámosles…´´, alcanzamos la piscina y su punto de control número tres, unas cocas, un café y un tremendo y delicioso plato de leche frita con que nos obsequiaba la Consta, prácticamente única gentileza de alguien que ofrece sin
pedir un € a cambio, parada más larga de lo deseado, pero allí todo el mundo quería hablar y preguntar… el camino ha de continuar… la noche avanzaba y nosotros con ella, cuatro formábamos ahora el equipo, en el camino hacia Aranda de Duero la velocidad se tranquilizó pero nunca inferior a los 33 km/h, los repechos como balas y en la prolongada subida del pantano en Maderuelo superamos a un nutrido grupo, todos ellos uniformados con un maillot especialmente diseñado para la MGM, queda Segovia definitivamente atrás y afrontamos las rectas que nos llevan a la Ribera del Duero burgalesa, al amanecer en Aranda…, eso era lo previsto, pero nunca con tanto esfuerzo, algo que supieron valorar unos arandinos que nos acompañaron parejos con su coche un largo trecho hasta Tórtoles, ahí en Aranda engullimos a Domi quien se nos unió con su magnífica bicicleta Opera..y en verdad que sabía cantar a la perfección y continuamente debíamos pedirla un poco de calma y silencio, marcheta importante hasta Tórtoles de Esgueva, puesto de control número cuatro, allí por primera vez a 250 km de la salida vimos a los que iban en cabeza, el francés de rasgos orientales, el danés, a la postre último compañero de fatigas, y a los vascos, pero prolongamos demasiado la estancia en ese curioso avituallamiento-convento, frío en el claustro,
y una vez más salimos con esa sensación de tiempo perdido…¡nos entreteníamos con las moscas..!, allí fue donde Emilio el leonés nos dijo adios, ``íbamos muy rápido para él..´´ nos dijo, quedamos cuatro, afrontamos la subida a los páramos y la infinita recta de Cevico Navero, el día comenzaba, con él…el viento, pero cuatro coordinados, relevos de km bien disciplinados nos empujan en pocos minutos a llegar a Baltanás y a superar a Rafa de Beasain en la subida del alto de Hornillos…`` ya no hay puntos de montaña´´ nos dice, allí, en el puerto, quizá el personaje más curioso de la marcha, se encontraba repartiendo medias naranjas peladas de una forma totalmente desinteresada, de Bilbao nos contó en la salida q era, nos enseñó fotos de sus numerosas excursiones por el mundo en bici…quizá contribuyó en parte a nuestro retraso en la salida, y al llegar a Frómista, allí estaba, había comprado unos kg de fruta de su bolsillo para q tuviéramos algo en aquel desabastecido puesto.. curioso cuando menos...; la bajada hacia Torquemada fue rápida pese al pestoso
asfalto, allí cogimos a los dos maños, Luis de Sabiñánigo y Javi de Zaragoza, hicimos grupo de seis y luego de siete con Pellegrin el fantástico italiano de 71 años, a relevos superamos las interminables rectas que nos conducían a Santoyo, Astudillo y de allí a Frómista, queríamos comer pero eran las 11 h. y no había nada y los vascos ahí estaban a cinco o diez minutos, decíamos venga con calma a comer a Sahagún y con calma fuímos excepto alguno que daba relevos a 45 Km./h. en la recta de 12 Km. posterior a Carrión de los Condes, todo funcionaba, en Sahagún nos esperaba un plato de pasta pero era tan picante que nos dejó fastidiado el estómago para los restos, unos filetes de chuleta de lomo de cerdo intragables y… menos mal que había cerveza ¿eh maño? …¡que bárbaro! Con eso que tiene vitaminas…

Confusión al salir de Sahagún, carreteras cortadas, un sol implacable ¿sería la cerveza?, pereza al afrontar aquellas desesperantes rectas de marchito asfalto pero emprendimos marcha y alcanzamos a los dos
maños que salieron unos minutos antes, llegar a Cistierna, siguiente punto de control se hacía inmenso, confusión de la gente unos que veinte Km. otro 11 Km. un paisano cuando paramos en una fuente de agua bendita nos dijo que 10 Km. y todo hacía abajo creo que el sol o tanta música tecno en sus años de adolescencia causaron en él graves estragos cerebrales pues eran el doble de esos 10 y… hacía abajo… en fin… no hace falta estudiar derivadas e integrales para distinguir entre subir y bajar… se perdió unos cuantos episodios de Barrio Sésamo… y decía agua bendita porque a 35º C. aquel frescor nos puso pilas nuevas pero no alcalinas, pues un último repecho antes de llegar a Cistierna donde tuvimos la fortuna de que pinchara Luis se nos hizo así como mortal, todo fue superarlo, voluntad olvidarte del dolor y el sol y comenzar una veloz bajada hacía el pueblo leonés que me invitaba a pensar en ¿cómo sería a la vuelta…?

Allí en Cistierna sorpresas, Santi y compañero con hielo en rodillas y tobillos, el danés Jan,( así decidí llamarle) hecho todo un dandi duchadito allí en el polideportivo, Emilio el leonés durmiendo, una pareja de Vitoria compartiendo un choricillo sentados en el suelo y así todos… pero más sorpresa el bocadillo de jamón y queso que pedí, ¡joder¡ eso si que era un chiste y un chiste caro, 4€ por dos tranchetes y una lonchita de jamón y me decían que iba bien cargado todo era susceptible de ser vendido y de obtener beneficio a 1, 2, 3 € ¡también existen monedas fraccionarias carajo!.


De Cistierna tras un largo parón salimos los cuatro, comenzábamos a afrontar la subida a Ríaño, el problemático embalse y la dificultad montañosa de el Pontón con sus 1280 m. s.n.m., mal empezamos, muchísimo calor… y el viento, un incansable viento catabático, abrasador y constante, nos acompañó en esos 30 Km. de subida hasta el muro de hormigón del embalse y los otros posteriores 25 ó 30 Km. hasta culminar el ascenso al Pontón, era primordial bajarlo de día por el mal estado del asfalto, a esa tarea nos pusimos, el grupo, poco a poco se deshizo, Chofo por delante, Pepe y Piti en medio y Domi atrás, el viento nos mermaba fuerzas y voluntad una agonía que no se ocultaba en ninguno de los múltiples recovecos de la tortuosa carretera, ahí estaba, haciéndonos ir a 16 – 18 Km./h. con un esfuerzo de 40, un auténtico infierno, recordémil veces la más afanada y descriptiva pesadilla jamás contada en el cine “arrastrarse por el filo de una cuchilla de afeitar, y terminar vivo”,
palabras de Marlon Brando en Apocalipsis Now, todos hemos sentido el dolor y el sufrimiento de nuestras peores pesadillas, nuestros peores infiernos, cada cual lo cuenta como puede o quiere, esa del Coronel Kurtz, es la viva descripción de lo que Km. a Km. bajo un tremendo sol a la caída de la tarde íbamos sintiendo, arrastrarse laboriosamente y no avanzar, tan solo quien se viera en esa situación, ese momento comprenderá lo que digo porque hoy aquí, en una cafetería del Burgo de Osma mientras otros compiten en su cicloturista y yo cómodamente escribo estas líneas todo parece lejano y simplemente un mal sueño, pero ese martes 19 de julio, allí resultaba increíble que no nos diera ni un segundo de respiro, pero no nos derrumbamos y alcanzamos el puerto, ya todo era bajar 46 km. hasta Cangas, todo
fácil, pero sorpresa, por esa vertiente el viento ascendía y excepto los primeros 10 Km. de fuerte pendiente un suplicio y un esfuerzo para dar pedales y avanzar bajando, no había fuerzas en las piernas, ni Pepe ni Piti, no podíamos, optamos por comer unas tabletas energéticas de esas tan necesarias pero tan aborrecibles, misteriosamente a los diez minutos hacen su efecto y continuamos lucha contra viento a alcanzar Cangas y su polideportivo, pero no era allí, había que jugar al escondite y buscar el punto de control tras varias vueltas inciertas e infructuosas alguien nos indicó, y sorpresa… allí sabían que existen monedas fraccionarias de €, 50 cts una cerveza o un refresco, 1,50€ un bocadillo, aliviados comemos, los primeros continuaron hacía Gijón nosotros deberíamos, todo el que llega se queda a dormir en Cangas, pero nuestra apuesta había sido llegar esa noche a dormir a Gijón y así lo hicimos, Domi, Chofo, Pepe y Piti… ¡tremendo¡ no conocíamos como era ir a Gijón, los primeros 20 Km. de subida el resto hasta 90 de toboganes, no
encontrábamos señales que nos indicaran el camino, a quien preguntábamos a las dos o tres de la mañana no sabían dónde tenían su derecha y no digamos la izquierda, por error nos introdujimos en autovía, vuelta atrás buscábamos el Berrón y el desvío para la sorpresita, el Puerto de la Madera… 6 Km. de subida, para luego descender 10 hasta Gijón, un descenso cauto y atolondrado por el sueño y las baterías de nuestras linternas agotadas, carretera curvilínea, estrecha y sin líneas… un error de señalización de MGM nos introdujo en una calle tipo pozo de hormigón y tierra, desesperados, cansados, enojados, maltrechos y hambrientos decidimos llamar al responsable del control en Gijón, debíamos ir a la Plaza Mayor, pero ¿por dónde?, preguntas sin respuestas, gente de la noche carente de la mínima expresión de palabra para indicarnos como ir ¡un circo¡ tras mucho deambular por aceras y sentidos contrarios alcanzamos la plaza al lado del mar, frío, allí aterido estaba Javi el Maño, nos sellan y nos conducen hacía el albergue, que curiosamente estaba a 3 Km. hacía arriba dirección donde habíamos bajado, llegar, un poco caótico pero allí se hizo luz, agradecer enormemente el trato fantástico y amable de las gentes del albergue y hemos de lamentar que llegáramos hechos unos energúmenos pero, la situación caótica vivida lo justificaba, nos duchamos, cenamos lo que pudimos y nos echamos unas 4 horas en la cama tan extraña pero tan deseada.

La mañana, el despertar, insensibilidad en piernas y manos, como si apéndices independientes quisieran prolongar el sueño, el aturdimiento se va desperezando y volver a enguantarte el culotte es todo un poema así como descender las escaleras de caracol que nos conducen al comedor donde nos obsequian con un copioso desayuno y buenas palabras de ánimo y cordialidad; y para desayuno 10 Km. de puerto, todos ya han salido, quedamos Pepe, Chofo y Piti; Pepe jodido de rodillas y posaderas se lo toma con más calma, comienzo a entrar en calor de manera exagerada y he de parar a quitar ropa, recuperar esos metros es fundamental comienza un ritmo intenso de 20 – 22 Km./h alcanzo a Pepe, no así a Chofo y todo el camino de vuelta a Cangas lo hacemos en dura pugna contra un viento racheado e intenso y nuestros propios temores de que el grupo definitivamente se deshaga; en ese trayecto nos encontramos con el grueso de la expedición, la inmensa mayoría que a esas horas mañaneras van camino de Gijón unos habiendo dormido en Cangas y otros en Cistierna, llegando a Cangas alcanzamos a Domi, destrozado por los dolores de rodillas y posaderas, una risa verle pedalear en innumerables posiciones sobre la bicicleta, todos pensábamos que de ahí de Cangas no pasaría, no fue así, volvemos al control número 9 Cangas, el primero de sentido de vuelta, café, magdalenas y Pontón para arriba, Pepe, Chofo y Piti en los primeros Kms. alcanzamos a dos valencianos y al incombustible Rafa de Beasain, van a su ritmo, Pepe se queda con ellos, Chofo y Piti, a ritmo 25 Km/h. hacía arriba, durante 22 – 24 Km., hasta que se pone más serio y el calor aprieta, paramos en la maravillosa fuente de Oseja de Sajambre, comemos algo ligero y continúa el ascenso, bajan camiones cargados de paja para el ganado provenientes de Castilla, este año el sector agropecuario jodido para todos, las praderas del puerto otrora siempre abundantes de forraje, este año miserables hileras de pasto, avanzamos sin pausa, siempre buscando las posibles sombras de la frondosa vegetación, aunque esta se encuentre en el carril contrario, pero pese al fragoso entorno, el calor tanto el del sol como el propio generado por nosotros mismos, se hace insoportable; culminamos el puerto en dos horas y 25 minutos, asfixiado pero hay que continuar, un descenso veloz, el viento que ayer nos frenaba nos impulsa raudos, mucho calor y agua que nos falta, paramos en un pueblo donde el agua está cortada y una señora nos saca una botella de su casa pese a las reticencias de su intranquilo marido ¡si sólo somos sedientos ciclistas¡ era camionero nos contó y alguna vez pasó por Algete… ¡qué tío¡

Se hacía tarde y había que comer, un menú, algo que llenara, paramos en un pueblo a 17 Kms. de Cistierna, el calor asfixiante, dos minutos en guardar las bicis en el garage del bar y 30 sg en ver pasar a Javi el Maño que más arriba tomaba una cerveza (o dos) y nos vio pasar quiso alcanzarnos… ¡qué sorpresa se llevaría al machacarse en pos de nuestro alcance y no encontrarnos¡ ese esquinazo fue puramente fortuito, allí conocimos a Andrea que con sus 4 años nos decía que nos pusiéramos las zapatillas, espárragos y pollo frito, cerveza y arroz con leche y otra vez a la ruta, este día creo que ganó la etapa el gallego Pereiro.

Salimos cuando llegaba al restaurante Rafa de Beasain, ¡un cuadro¡ el camarero se reía sólo con verle, era gracioso… nos vamos, un ritmo tranquilo Chofo y Piti, mano a mano 33 – 35 Km/h constante, volvemos a superar a los valencianos y a Pepe en Cistierna, éste ya echó mano de un remedio drástico y chistoso para evitar el dolor de sus posaderas… en este punto de control me hicieron caso, pues al ir les dije que lo que más apetece es fruta y en efecto, tenían peras, fresquillas… antes de hincar el diente pedí precio y cómo no, a 1 € la pieza… en fin… salimos de allí espoleados por la cercanía de los precedentes y el abuso de los “cooperantes”… el repecho repechón que ya conocíamos y eso,
bajo el mismo sol infernal, pero ya solo 130 Km hasta el siguiente control, Frómista, rectas inmensas Camino de Cega, desvío, rutas alternativas que sembraban la confusión y la duda entre los tres integrantes del grupo, maizales, refrescantes aspersores, llegar a Sahagún es ya todo un reto para dos de los tres, allí paramos Chofo y Piti, buscábamos una tienda donde comer algo fruta y beber… a las 20 h. 30 minutos sólo el súper de las hermanas con sus precios “asequibles” al peregrino y… ¡pobre peregrino¡, sorpresa llega el incansable Rafa de Beasain con sus rodillas, siguió mis consejos y fue a por una pomadita a la farmacia de guardia, Chofo y Piti, salimos, casualmente minutos antes se levantó un viento feroz que por supuesto nos acompañó siempre de cara, desde Sahagún a Carrión y de allí a Frómista, mi tendón de Aquiles izquierdo sonaba como una carraca, la preocupación era grande, Chofo rivalizaba con ese implacable viento y yo a su refugio pude llegar a Frómista a las 00 h 15 minutos del jueves donde dije… ¡aquí me quedo¡ él, deseoso de continuar esa desigual pelea contra los elementos siguió hacía delante, ya sólo supe de él noticias en los siguientes puntos de control.
Cinco horas en Frómista, donde no pude dormir, la intranquilidad del tendón, el continúo goteo de osados ciclistas lo impidieron, pero me sirvió para conocer a un anónimo palentino que tuvo la generosidad de donar tres días de su vida sellando y comprando alimentos sin incrementar su coste y siempre con palabras amables para todo aquél que llegaba o se iba, cuatro horas hablaría con él y desconozco su nombre, un saludo y gracias por todo. Algunos aparecían en la cerrada, ventosa y desapacible noche con sus luces espectrales rompiendo la monotonía de este refugio en la planicie castellana, unos quedaban a dormir otros continuaban caminos, entre ellos Domi con quien emprendí viaje a eso de las 5,30 h de la mañana, el frescor de la noche incitaba a pedalear con ganas y calentar músculos, no se hizo esperar las inmensas rectas de llegada a Torquemada nos las comíamos por el centro de la calzada a 50 Km./h, Domi, un rodador nato que al superar el Pisuerga, la Autovía y cambiar la calzada por una áspera, estrecha y rugosa carretera y comenzar a empinarse, él se queda, afronto el Alto de Hornillos en total soledad, sólo acompañado por los numerosos gazapos que corretean por la carretera en este tercer
amanecer, rápido descenso a Baltanás donde el desagradable olor de sus desagües me dan una bofetada de bienvenida, eso, y un intenso frío que ayuda más si cave a afrontar el ascenso al páramo dirección Cevico Navero, el sueño se ceba en mí, bofetadas y un deseo imperioso de que el bar este abierto y poder tomar unos cafés, pero no se si suerte o no, no está abierto… sin miramientos el segundo ascenso al páramo, ésta vez para encarar la inmensa planicie que nos conduce derechos como velas a Tórtoles, allí si… allí sabemos que las abundantes vituallas y gentileza de sus gentes nos esperan con los brazos abiertos, bofetadas, chorros de agua al cuello, tirones del pelo, todo vale para no dormirse y llegar; ya en Tórtoles, una cafetera y un tazón gigante son todo uno, unas magdalenas, unos sobaos y al fin… sandía… allí estaba Rafa y llega Domi; pero he de seguir, tengo noticias de que Chofo llegó a las 3:00 h. con las piernas bloqueadas y un cansancio exagerado, se levantó 15 minutos antes que Jan el Danés y a eso de las 6 partió… los llevo a 2 h 30 minutos… no hay tiempo que perder en esas primeras horas, sólo, en plena ribera del Duero se navega con rapidez, agua en la fuente de 2 caños de 2 manantiales distintos de Olmedillo de Roa, hasta que en la Horra me adelanta una retroexcavadora en un repecho, cojo rueda y atravieso toda la ventosilla hasta Villalva a su rueda, no esta nada mal a 40 -42 Km./h sin duda… la mejor rueda…

Atravieso Aranda por la circunvalación, no como otros por todo el centro, el que no sabe es como el que no ve, en Fuentespina me espera Rufo, mi hermano que me acompañará en el pestoso camino de vuelta a Ayllón, dónde ingiero un generoso café, una loncha de melón y un plátano que llevaba encima, realmente no me apetecía nada más, noticias de los participantes, no hay tiempo que perder y afrontamos Rufo y yo la subida al límite de provincia, el calor insoportable, la pendiente de ascenso cien veces hecha se convierte en algo nuevo… se asemeja al Tourmalet en mis peores recuerdos, el calor y el agotamiento pese a la parada en la fuente de Santibáñez se hacen inaguantables y un poco más y allá… en Campisábalos en mitad del altiplano donde a la ida la temperatura era gélida ahora con los pies metidos en el pilón , el sol achicharra todo lo que no está a resguardo; allí me deja Rufo y afronto el resto hasta Atienza, un camino difícil y largo más aún con este agotamiento y ese tremendo calor… Hasta que en Albendiego, en un refugio de pastor he de parar, comer lo poco que llevaba y beber las últimas gotas de mis dos botijas, breve siesta, con la intranquilidad de quien realmente no quiere dormir, un esfuerzo, más mental que físico y decido afrontar esos últimos 17 Km hasta Atienza encima de la sofocante carretera donde ni las chicharras cantan…, Cañamares, sus repechitos y el castillo de Atienza como hito claro de donde concluye esa etapa de suplicio… Cuántas veces me pregunto dónde está el apoyo del equipo de moteros BMW… necesito desesperadamente agua, fruta, algo que pase sin arañar y refrescante…, nada… llego al control de Atienza, en esos momentos Jan el danés se dispone a salir, echo un botellín de agua, un € … para variar… decido comer en Atienza un menú del día, con una jarra de té de litro en teoría helado… pero eso de la hostelería no se los da nada bien, un menú para olvidar y la fruta no saben lo que es… de mala leche decido continuar, nadie ha llegado todavía a ese control en todo ese espacio de tiempo y afronto el terrible y, “desconocido” recorrido de vuelta a Algete 100 Km… carretera en obras camiones que a su paso he de apartarme, polvo, viento y sobre todo sol, mucho sol; un recorrido que pese ha haberlo hecho en otras ocasiones, al deshacerlo en sentido inverso se me antoja nuevo y horrible, el viento el sol el cansancio mental de un hombre sólo con deseos de llegar pronto, las dos botijas repletas de hielo y líquido se convierten en caldo en breves momentos y poco después en vago recuerdo de lo que contuvieron, al parecer el cansancio, el sol, el esfuerzo y seguramente el exquisito menú ingerido dieron rápidamente cuenta de lo poco que ellas contenían, nada refrescantes pero si calmante, es esa sensación de querer vencer al conocimiento y por supuesto, una vez más desafiar a la experiencia, cien veces maldecía por no haber llevado el MP3 que me haría más llevadera la soledad, cien veces maldecía donde estaba esa sandía esa fruta fresca, mi mundo por una cocacola, una botella de agua gélida y la realidad, soledad, viento, sol, calor, dolor…Cogolludo tantos Kms. y apuro el paso bordeo el embalse de Alcorlo, paso por encima del dique y el implacable viento pese a los recodos y circunvoluciones no amaina, no hay sombra y la desesperación se hace extrema, en Puebla de Beleña, tras superar la salida del río Sorbe, que se me antojó alpina, un bar pero cerrado, las fuentes no funcionan, los paisanos me indican una manguera de la cual sale caldo “déjala correr” decían, tras varios minutos el caldo sigue siendo caldo, opto por “refrescarme”, rellenar botijas y continuar, llamo a otro hermano, Manguel para que venga en bici a mi encuentro, y el continuo avanzar hacia Torre Beleña, Uceda… sin ver un alma ni por delante ni por detrás, se hace infinito, el agua se acabó, viro 90º hacia Viñuelas sé que allí existe un bar con máquina de refrescos esa es mi meta y mi única ilusión en estos momentos, pese al giro, el viento continúa entrando fronto-lateral y allí… en “la gasolinera del desierto” como la hacía llamar un peculiar gasolinera sentado a dos patas en una silla con su palillo en la boca y evocando nostálgicos recuerdos de la dureza que su vida le había proporcionado y menospreciando lo que nosotros hacíamos, me encontré con Jan el danés bebiéndose una coca y ofreciéndome galletas de chocolate, que sintiéndolo mucho no lo pude ingerir, recargo energías con otra cocacola y ahora ya más animado al llevar compañero afrontamos los últimos Kms., relevos cortos y compenetrados, “puta mierda” supo decir Jan respecto al viento y “very hot” respecto al sol, el pobre iba jodido de tibiales derechos y pedaleaba considerablemente más fuerte con la izquierda pero aún así avanzábamos “no hay nivel” me decía ¡qué tío¡, ahora estará por Londres con el francés oriental en los 1400… ¿Qué impresión se habrán llevado de la MGM ellos y el italiano? De sus gentes de sus controles, de las maravillosas carreteras, que hemos tenido la desgracia de patear ¡qué vergüenza¡ seguramente alguien se sentirá henchido de orgullo por que la MGM ha sido un éxito, pero francamente, he de decir, y en mi boca y la de muchos que hemos participado, que muchas cosas han de cambiar para que esa desorganizada organización tenga éxito en futuras ediciones, hoy me preguntas si la volvería a hacer y digo con rotundidad ¡NO¡ no se puede uno quedar impasible al ver como van coches de apoyo para que el pedalear sea más leve cuándo otros lo hemos de llevar todo encima, no se puede uno quedar inalterable al ver como sospechosamente hay caravanas que aparecen y desaparecen, impasible ante el abandono en los puntos de control donde ¿qué menos que el líquido que necesitamos lo cubra nuestra inscripción? ¿Qué menos que cuándo se llega al Algete unos aplausos y una foto bajo una miserable pancarta y un reloj que cuente y de fe de todo el tiempo que has desempeñado en hacer grande tanto tu persona como una carrera, que sin nosotros… no existiría?

Faltan 20 Kms. y Manguel acude a nuestro encuentro, Jan me da las gracias y también a Manguel “Big brother” dice, con rapidez y sin pausa devoramos con ansia esos últimos Kms. que más lentamente de lo que deseo van pasando, un tramo final que de todo punto me resulta nuevo y por ende sospechoso, ya se sabe, más vale malo conocido que bueno por conocer, atravesamos Algete y concluimos nuestra odisea a las 21 h. del jueves veintiuno; felicitaciones con los que habían llegado, intercambio de opiniones, unas cervezas, una ducha, comentarios y más comentarios, fugaz cena envuelta en la plata del aluminio, más cervezas, un hasta luego, ya nos veremos y la intranquilidad de las noches venideras sudoroso despertándote a mitad de la noche soñando que aún pedaleas por Cogolludo.

Desde aquí mi más sincero agradecimiento a todas las personas que nos lo han hecho más fácil y mi más sincera enhorabuena a todos los que optaron en tomar la salida.

¿Qué nos mueve a jugar en el entorno de la agonía sin sopesar el abandono?


Esto permanecerá entre todo .
Han vivido y apostado;
lo mismo sacarán del juego
aunque se pierda el oro de los dados.
Jack London

Desde esta página quiero dar personalmente la enhorabuena a Piti y Chofo por conseguir finalizar esta dura prueba que solo está al alcance de unos pocos.

 

|Pagina Principal|Noticias Antiguas|



© villaderiaza.com 2001-2014